Hace cuatro décadas los filósofos Gilles Deleuze y Félix Guattari publicaban en la revista Les Nouvelles Littéraires un corto artículo dentro del cual atrevidamente postulaban que los fenómenos y acontecimientos históricos experimentan continuidad y transformación permanente a través del tiempo en un “campo de posibilidades”. Con ello, se permitían, además, sugerir que en Mayo 68, momento de despertar social y político en Francia, ya no tenía lugar en una sociedad que permanecía quieta e indiferente frente a un capitalismo salvaje. Esta ingeniosa fórmula elaborada en otro continente, hoy reaparece sin haber perdido su vigencia. De tal forma, son múltiples las evidencias que el orden de los acontecimientos nos echa en cara para hoy demostrarlo.
El derrame minero sobre el Río Sonora se presentó hace ya doce años como un hecho sin precedentes que ponía en riesgo la ecología y la salud de las personas de la región de la cuenca. Sin embargo, de las primeras medidas anunciadas, son escasas las que llegaron a materializarse, pues reconociendo una falta de remediación, de las 36 plantas potabilizadoras solo se instalaron 8 (la mayoría de ellas fuera de operación), el hospital especializado se muestra aún en obra negra, no se elaboró tal cosa como una vigilancia epidemiológica en la zona, y las personas continúan denunciando falta de atención médica especializada.
Con omisiones y una comunicación institucional de simulacros, pareciera que el imperativo institucional es el de negar el riesgo hasta que el acontecimiento mismo sea negado. Así, no son pocos los hechos que contribuyen a afirmar la metáfora que aquí se presenta, tales como la inauguración de la sala de exhibición minera dentro del museo de la Universidad de Sonora bajo los logotipos de Grupo México durante 2015, a menos de dos años del derrame; los proyectos de expansión de la empresa minera responsable sobre el territorio afectado, mismos que la posicionan hoy día como número uno en producción de cobre en el país y quinto a nivel mundial; las denuncias sobre el mal manejo de residuos en Banámichi por parte de la empresa minera First Majestic Silver; el pasado y más reciente derrame de hidrosulfuro de sodio en el Municipio de Naco; o bien el los ánimos de festejo ante el hecho de que Sonora se consolide como una de las primeras entidades de extracción minera en México.
Sin lugar a duda sería torpe el dar un veredicto de tal forma sobre la problemática que todavía arrastramos, así como el minimizar los frutos del esfuerzo de los grupos civiles que continúan exigiendo atención al respecto, pues, el derrame minero de 2014 sobre el Río Sonora sigue figurando en la agenda nacional, cuando menos dentro de algún nivel discursivo; anteceden también 12 años de lucha, peticiones y trabajo sobre la conciencia de la población, pues, por ejemplo, puede entenderse una relación entre la efervescencia del movimiento #No A Las Presas dentro de la cuenca con el abandono institucional y desconfianza experimentada a partir del derrame en el Río Sonora. Lo que corresponde en tales condiciones es el reflexionar en qué dimensiones y bajo qué límites se resignifica como sociedad o diluye lo acontecido el 6 de agosto de 2014. Asimismo, para Deleuze y Guattari, el acontecimiento contrario a perderse en la historia es perpetuado por ella en condición de posibilidad y puede ser creador; me parece además que lo acontecido en el Municipio de Naco pondrá a prueba si la sociedad sonorense se presenta como capaz de reflexionar para explotar esta cualidad creadora, o saber, si bien, estamos condenados, como afirmó otro filósofo, a que la historia se repita sencillamente, primero como tragedia y luego como farsa.




