Ser emprendedor es una gran responsabilidad. Muchas empresas comenzaron realmente como un autoempleo, una persona con una idea, muchas ganas y pocos recursos. Al principio eras dueño, gerente, comprador, vendedor, cobrador, responsable de producción, servicio al cliente y, algunas veces, hasta quien barría al terminar el día. Mientras tanto, seguías siendo padre, madre, esposo, esposa, hijo, amigo y vecino. La pregunta es: ¿En qué momento te has detenido a evaluar si tú también estás creciendo?
Tu empresa aprende todos los días… ¿y tú?
Cuando iniciamos un emprendimiento, aprendemos por necesidad. Si un cliente reclama, aprendemos servicio; si falta dinero, finanzas; si no vendemos, ventas; si contratamos a alguien, liderazgo.
El problema aparece cuando confundimos experiencia con capacitación.
Trabajar diez años haciendo lo mismo no necesariamente significa tener diez años de aprendizaje. Podríamos tener un año de experiencia repetido diez veces.
Por eso hoy quiero proponerte algunas preguntas:
¿Cuántas horas dedicas al año exclusivamente a capacitarte? ¿Cuándo fue la última vez que tomaste un curso? ¿Qué libro de negocios estás leyendo? ¿Has aprendido algo sobre Inteligencia Artificial? ¿Sabes interpretar tus estados financieros? ¿Conoces realmente cuánto ganas por cada producto o servicio?
No existe un número mágico de horas para convertirse en mejor empresario. Pero sí podemos establecer una disciplina: Una hora semanal de aprendizaje intencional representa más de 50 horas de capacitación al año.
Y hoy el dinero tampoco necesariamente es una excusa.
Tenemos universidades, cámaras empresariales, asociaciones, consultores, libros, podcasts, cursos en línea y una extraordinaria universidad abierta las 24 horas: YouTube. Además, contamos con herramientas de Inteligencia Artificial capaces de ayudarnos a estudiar prácticamente cualquier tema.
Hagamos un FODA diferente
Busca tu cuaderno. Toma una hoja limpia y divídela con dos líneas en cuatro cuadros aproximadamente iguales.
Arriba escribe:
F — Fortalezas.
O — Oportunidades.
Abajo:
D — Debilidades.
A — Amenazas.
Acabas de construir un sencillo análisis FODA.
Pero esta vez no quiero que hagas el FODA de tu empresa.
Quiero que hagas el FODA del empresario que está dirigiéndola: Tú.
Comienza por tus fortalezas. Escribe aquellas capacidades verdaderas que te han permitido llegar hasta aquí. Quizá eres extraordinario vendiendo, conoces perfectamente tu producto, eres disciplinado, sabes relacionarte, tienes buena reputación, eres creativo o tus clientes confían en ti.
No escribas lo que quisieras ser. Escribe lo que realmente eres y puedes demostrar con hechos.
Ahora viene la parte difícil.
En debilidades escribe aquello que necesitas mejorar. Sin justificaciones.
Quizá administras mal tu tiempo. No sabes delegar. Te cuesta cobrar. Desconoces tus números. No utilizas tecnología. Te falta desarrollar liderazgo. No sabes vender digitalmente. O sigues tomando todas las decisiones porque piensas que nadie puede hacerlo como tú.
Escríbelas todas.
Después, subraya solamente las tres que, si las desarrollaras, podrían producir el mayor cambio en tu negocio.
Convierte debilidades en oportunidades.
Ahora mira el cuadrante de oportunidades.
Por cada una de esas tres debilidades identifica una oportunidad concreta de aprendizaje.
Si tu debilidad son las finanzas, curso básico de finanzas para empresarios.
Si son las ventas, capacitación en negociación y cierre.
Si tienes problemas con tu personal, liderazgo y desarrollo de equipos.
Si estás quedándote atrás tecnológicamente, Inteligencia Artificial aplicada a tu negocio.
Define dónde aprenderás, con quién, cuánto tiempo dedicarás y cuánto estás dispuesto a invertir.
No todo tiene que costar dinero, pero todo aprendizaje serio cuesta algo: Dinero, tiempo, disciplina o las tres cosas.
Aquí está la diferencia entre capacitación y entretenimiento, mirar veinte videos sin propósito puede entretenerte; estudiar durante tres semanas un tema específico y aplicarlo inmediatamente puede transformar una parte de tu empresa.
¿Y las amenazas?
Llegamos al último cuadrante.
Pregúntate con absoluta sinceridad:
¿Qué puede ocurrir si no cambio?
Tal vez llegue un competidor más preparado. Quizá tus costos continúen creciendo. Tus mejores colaboradores pueden cansarse de tu liderazgo. La tecnología puede dejarte atrás. Tus clientes podrían encontrar una alternativa mejor.
Y aquí aparece una realidad que debemos comprender: Una fortaleza que no se actualiza puede dejar de ser fortaleza. Una debilidad que ignoramos puede convertirse en amenaza.
El emprendimiento que ayer sobrevivió gracias al esfuerzo extraordinario del dueño mañana necesitará procesos, tecnología, liderazgo, indicadores y personas preparadas.
Porque llega un momento en que trabajar más horas ya no resuelve el problema.
Hay que aprender mejor.
EL RETO
Esta semana no hagas el FODA de tu negocio.
Haz el tuyo.
Toma una hoja, dibuja los cuatro cuadrantes y escribe con absoluta honestidad tus Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas.
Selecciona tus tres debilidades prioritarias y conviértelas en oportunidades de aprendizaje.
Después construye un plan de 21 días. Para cada una, responde: ¿Qué necesito aprender?, ¿dónde?, ¿con quién?, ¿cuánto tiempo voy a dedicar?, ¿cuánto estoy dispuesto a invertir? y, principalmente, ¿qué voy a aplicar en mi empresa?
Dentro de tres semanas vuelve a esa hoja.
Quizá alguna debilidad ya comenzó a convertirse en fortaleza.
Porque una empresa difícilmente podrá crecer durante mucho tiempo por encima de la persona que la dirige.
Capacitarte no es quitarle tiempo a tu empresa. Es invertir tiempo en el empresario que tu empresa necesitará mañana.
—ATRÉVETE—
Respetuosamente
Antonio Reyes Vásquez.




