La desigualdad y la pobreza, jinetes del Apocalipsis mexicano


En nuestro país aproximadamente 4 de cada 10 mexicanos viven en situación de pobreza. Además, de acuerdo al Observatorio de Salarios, el 10% de la población controla el 66% de la riqueza del país. Ello nos muestra un panorama muy claro, nuestro país tiene un contexto muy diferente en el norte que al del sur.


Tenemos un norte que mantienen un crecimiento elevado y donde existe la expectativa de empleos formales que puedan crear una mejor calidad de vida. En contraste, el sur nos muestra entidades federativas estancadas y donde su mayor base de apoyo es el presupuesto federal debido a la falta de inversión foránea en la zona.


La desigualdad y la falta de oportunidades ha sido un gran obstáculo para la construcción de una cohesión social y ello ha promovido la falta de interés de las nuevas generaciones en buscar generar riqueza en México. Uno de los graves problemas es el minimizar el tema de desigualdad con base al argumento de impulsar el combate a la pobreza y dejar el tema de desigualdad como en segundo plano.


Desde 1992, nuestro país ha impulsado políticas sociales enfocadas en combatir la pobreza con programas integrales que brinden alimentación, vivienda, entre otros y sin embargo, dichos esfuerzos han quedado gráficamente como algo simbólico, debido a que los porcentajes muestran que aproximadamente el 48% de la población se ha mantenido en situación de pobreza desde 1992 hasta la fecha.


¿Por qué no cambian las cosas? La realidad es que seguimos contando con un salario que en términos reales y en un careo con la inflación y el precio de la canasta básica, sigue siendo insuficiente para el acceso a una mejor calidad de vida. En ese sentido, es necesario reducir los programas asistencialistas y en cambio, promover mecanismos dentro de nuestra constitución que favorezcan un acceso a un empleo digno en los grupos sociales ( indígenas, rurales, etc.) donde el estado mexicano ha dejado en abandono durante años.


Por ello, es crucial invertir en estrategias específicamente elaboradas para ser desarrolladas en los contextos más difíciles de nuestro país y que puedan producir un mayor progreso y eficiencia laboral. En conclusión, se debe de impulsar tanto en México, Sonora y Obregón, una serie de esquemas que permitan a la sociedad evolucionar y no que generen en una dependencia económica a programas sociales o becas.


¿Cómo lograrlo? Para atraer inversiones se deben de estimular las condiciones para que los sectores desfavorecidos puedan ser atractivos y que exista una competitividad económica que permita sobresalir a las comunidades. ¿De qué forma? Con educación de calidad, servicios garantizados de salud, infraestructura de buenas condiciones, entre otros más. Finalmente, México debe de crecer a un ritmo que permita a los estados rezagados empezar a generar riqueza para lograr construir patrimonios más sólidos y asimilar un México más igual e incluyente, de lo contrario el problema nunca acabará. Como mencionó el escritor John Green, “El crecimiento económico no significa nada si no es inclusivo”.


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hectormanjarrezrubalcava@gmail.com