Rostro arrugado, mirada que proyecta nostalgia y un vaivén cansino reflejan los 100 años que tiene a cuestas don Miguel Gómez Rivera.
El tiempo le ha cobrado factura y eso se traduce en su estado físico, pero a pesar de ello don Miguel sale todos los días de su casa para posicionarse en la calle 300 y Coahuila, punto donde vende golosinas con la finalidad de obtener dinero que le permite sobrellevar el día a día.
Don Miguel compartió que nació en el año de 1920 en un rancho que se conoce como Santa Gertrudis, en el Municipio de Tlatenango de Sánchez Román en el Estado de Zacatecas.
De joven formó parte en las filas de la milicia y se desempeñó como soldado, lo cual le enfundó valores y códigos que asume y pone en práctica por lo que siempre se ha caracterizado por su rectitud, respeto y disciplina que le imprime a la vida.
En 1950 llegó a Hermosillo, Sonora, donde tuvo varios trabajos; uno de ellos de cargador, labor que pudo desempeñar sin problemas porque su estancia en el ejército mexicano le ayudó para desarrollar un físico fuerte.
Actualmente vive con un hijo en la colonia México, lugar de donde se desplaza con paso pausado pero firme y perseverante hasta llegar a la 300 y Coahuila. Punto al cual acude todos los días por las mañanas esperando que alguien le compre algún dulce. “De la vista ya no veo bien, la gente me ayuda yo no más le doy los precios y tampoco escucho bien”, comentó don Miguel con semblante cansado por el trajín de los años.
Además, don Miguel mencionó que presenta problemas en las rodillas y batalla al caminar, su andar es lento, su vista nublada y sus oídos no perciben bien el sonido, esto producto de su siglo de vida.
Sentarse con don Miguel y platicar con él es como hojear un libro de historia, lleno de anécdotas, vivencias y aventuras. Algo que lo llena de alegría, cuando alguien se acerca, lo saluda, le ofrece un gesto ameno y le muestra gratitud.
Aquellas personas que deseen ayudarle pueden acudir al lugar antes citado, él siempre tiene una actitud positiva que enseña a las personas a valorar y amar la vida.



