San Bartolomé es una de las figuras que la tradición cristiana recuerda cada 24 de agosto. Considerado uno de los doce apóstoles de Jesús, es reconocido como patrono de los carniceros y zapateros, oficios con los que se relaciona por la forma en que fue representado después de su martirio.
Su historia también está marcada por una particularidad en torno a su nombre. En los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas aparece como Bartolomé, mientras que el Evangelio de Juan menciona a Natanael. La tradición cristiana identificó a ambos como la misma persona. Bartolomé significa “hijo de Ptolomeo”, mientras que Natanael se interpreta como “Dios ha dado”.
DEL ENCUENTRO CON JESÚS A LA EVANGELIZACIÓN
De acuerdo con la tradición, Bartolomé conoció a Jesús por medio de Felipe, quien le anunció que habían encontrado al Mesías. Al saber que provenía de Nazaret, expresó sus dudas sobre si de ese lugar podía surgir algo bueno.
Después de la Resurrección y Ascensión de Jesús, emprendió una labor evangelizadora que, según antiguos relatos, lo llevó por regiones como India, Mesopotamia, Persia, Egipto y Armenia.
En Armenia, la tradición sostiene que consiguió convertir al rey Polimio y a su esposa al cristianismo. Esta situación provocó la reacción de sacerdotes de cultos paganos y terminó desencadenando su captura y muerte.
EL MARTIRIO QUE EXPLICA SU REPRESENTACIÓN
Bartolomé sufrió un martirio particularmente cruel por su labor de predicación. Por ello, la iconografía cristiana suele representarlo con un cuchillo de grandes dimensiones, elemento relacionado con la forma en que fue ejecutado.
En algunas representaciones también aparece sosteniendo un libro, símbolo de su misión de anunciar el Evangelio. La tradición vinculó posteriormente su figura con distintos oficios, entre ellos los carniceros y zapateros, por lo que es considerado su patrono.
SUS RELIQUIAS LLEGARON HASTA ROMA
La tradición cuenta que, después de su muerte, sus restos fueron enterrados inicialmente en la isla de Lipara. Posteriormente, fueron trasladados a Benevento y finalmente a Roma, donde se encuentran en la iglesia de San Bartolomeo all'Isola, ubicada en una isla del río Tíber.
Parte de sus reliquias también llegó hasta Canterbury, Inglaterra, durante el siglo XI, como obsequio de la reina Emma a la catedral.




