La jubilación suele asociarse con descanso, viajes y más tiempo para la familia. Sin embargo, el retiro laboral también representa un cambio profundo que puede afectar la salud emocional si no se enfrenta con una adecuada preparación.
El profesor Jorge Rogelio Pérez Espinosa, de la Facultad de Psicología de la UNAM, explicó que dejar de trabajar implica modificar la rutina, la identidad profesional, las relaciones sociales e incluso la estabilidad económica. Estas transformaciones pueden generar incertidumbre, sensación de vacío y, en algunos casos, desencadenar depresión.
PREPARAR EL RETIRO ES CLAVE
El especialista señaló que es recomendable comenzar a planear esta etapa desde la adultez media, entre los 40 y 60 años, mediante un proyecto de vida con objetivos realistas y flexibles. Además, aconseja anticipar las necesidades económicas, fortalecer la salud emocional y aprovechar programas de preparación para la jubilación cuando estén disponibles.
También enfatizó la importancia de construir una nueva identidad fuera del ámbito laboral. Para ello, sugiere realizar actividades que mantengan activa la mente y el cuerpo, como aprender un idioma, practicar ejercicio, escribir, adoptar una mascota o desarrollar nuevos pasatiempos. En caso de que la transición resulte complicada, un empleo de medio tiempo o el voluntariado pueden facilitar la adaptación.

Pérez Espinosa destacó que conservar hábitos saludables, dormir bien, alimentarse adecuadamente y reducir el consumo de alcohol contribuye a mejorar el estado de ánimo y prevenir el deterioro cognitivo.
Finalmente, subrayó que la resiliencia es una herramienta esencial durante esta etapa. Agradecer la experiencia laboral, valorar los logros alcanzados y asumir el retiro como una oportunidad para iniciar nuevos proyectos permite enfrentar el cambio con una actitud positiva.
Para el experto, jubilarse no significa el final de la vida productiva, sino el comienzo de una etapa con posibilidades para crecer, aprender y disfrutar de nuevas experiencias.




