En la medida en que la raza humana ha ido desarrollándose, el impacto en el medio ambiente, que incluye suelo, aire y agua, ha sido nefasto.
Nadie ha sido tan depredador de su entorno natural como el ser humano, según ha quedado evidenciado a lo largo de la historia.
Con tal de “vivir mejor”, el hombre ha roto los equilibrios de la naturaleza y la madre tierra soporta los embates de la carrera de la modernidad.
Hay inventos del hombre blanco que son de gran utilidad. Pero hay otros que tienen tal efecto nocivo en el hábitat de los seres vivos.
Un ejemplo de ello son los ríos. Como nativo del sur del país, cuando me invitaron a conocer el río Yaqui a mi arribo a estas tierras, no supe más que reír del “chorrito” de agua que para los habitantes del Valle del Yaqui era su río, acostumbrado a verlos en Chiapas, Tabasco, Campeche o Veracruz como enormes canales de agua.
Pronto me adentraría en la historia de Sonora y sabría por qué sus ríos principales están “cortados”: las presas.
Pero más preocupante es que en la medida en que los años han ido pasando, el “chorrito” del río Yaqui se convirtió en hilillo y, ahora, en nada.
Ya no pasa agua por el cauce de los ríos Yaqui y Mayo. Se les ha cortado la vida a esos dotadores de vida para el hombre, para los animales y para las plantas. Ni siquiera el gasto ecológico le han dejado.
Hay una propuesta del ingeniero Emilio Borbón Willis, de Navojoa, para que a partir del próximo ciclo agrícola se le brinde un gasto constante al río Mayo y toda el agua de las lluvias escurridas de la cortina de la presa a Tesia, donde nacen los dos canales principales para irrigar ese valle.
Esas aguas no pertenecen a la concesión, pero se les conduce a los canales para elevar la eficiencia de conducción de la red mayor, mientras la fauna natural del río llega a los pueblos a tomar agua con el riesgo de ser sacrificada por los seres humanos o los perros.
Los animales beben también agua contaminada con el drenaje de Navojoa y no pocos mueren y los álamos poco a poco se han secado sin que se vea en las autoridades de Conagua la menor intención de salvar esa situación.
Si a eso se le agrega que hay una sobreexplotación del manto acuífero, tanto para lo agrícola como para el agua potable de las ciudades, la situación se pone peor.
Si a la dotación de agua, que puede realizarse también para el río Yaqui, se le añade una intensa campaña de reforestación con plantas nativas, pero también frutales o cítricos, la zona reviviría intensamente.
Es tiempo de salvar el medio ambiente regional. Todo es cuestión de que las autoridades en vez de estar pensando en el próximo puesto público, sin solucionar aún los problemas actuales, se dediquen a ver realmente por su comunidad.



