Lo que le faltaba a Cajeme: en la lista de las 10 ciudades más violentas del mundo, Ciudad Obregón ocupa el quinto sitio.
Pero lo más preocupante es, sin duda, que no se ve a corto plazo quién pueda ponerle alto a los dueños de las armas que todos los días dejan familias en la orfandad y el dolor.
Uno quisiera ya no tener que escribir de estos temas, pero la salvaje realidad irrumpe a diario en las vidas de cada ciudadano y le advierte de los peligros, primero de la pandemia y, segundo, de la violencia que desde caras desconocidas ataca con fiereza las fibras mas íntimas de la gente.
El dolor de perder un ser querido o el temor a ser parte de las estadísticas del intercambio de metralla en las calles tienen a la población con el alma en un hilo.
A estas alturas ya está muy dicho que no solamente las autoridades cómplices tienen culpa del aumento de los asesinatos de cada día sino que también en cada familia se ha educado a sus integrantes para que sirvan para el bien o para el mal.
Lo curioso es que al conocer la noticia del lugar que desafortunadamente ocupa Ciudad Obregón en la lista mundial, las autoridades policiacas de todos los niveles hicieron como que la virgen les hablaba y se tiraron a perder.
Nadie da la cara porque todos tienen cuentas por saldar en este terreno, ya que no han cumplido con eficiencia la gran tarea de salvaguardar la integridad física y el patrimonio de los ciudadanos que, hayan o no votado por ellos, tienen la esperanza de que los habrán de proteger.
Sería formidable que las autoridades pasaran ya a los hechos y se encargaran de combatir a los delincuentes en las calles y no en el discurso.
Se habla mucho de labores de inteligencia, de armamento y otros instrumentos de ofensiva contra quienes le están haciendo daño a Sonora y a los sonorenses.
Pero no se ve, en verdad, que tales herramientas hayan sido utilizadas para capturar a los amos de esos que en las calles solamente se dedican a vender el veneno o bien a apretar el gatillo, pero que no son, como luego se dice, los que reparten el queso.
Ojalá y nadie desde el gobierno, del nivel que sea, esté en pláticas con los señores de la violencia con tal de “amortiguar” sus efectos.
Es tiempo ya de que cumplan su tarea de combate a la delincuencia y no le sigan haciendo al “tío Lolo”. Desde hace mucho tiempo se ha advertido de la intrusión de diversos comandos que se han ido apoderando de la sierra sonorense, pero solamente se les hace frente cuando actúan con fuerza, como en el caso reciente de Magdalena.
¿En verdad no se puede o no se quiere combatir al crimen organizado?
¿Cuál es la verdadera razón para dejarlos ser? ¿El miedo o la complicidad?
Habrá que esperar que haya definiciones en esos terrenos.
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