«¡Vade retro me, Satana!»

(traducción Vulgata latina, de San Jerónimo)

«¡Vade retro me, Satana!»

Entre las palabras de Jesús que desconciertan, una de ellas aparece en el Evangelio de este domingo, cuando Pedro, después de haber confesado que Jesús es el Mesías (liturgia del domingo pasado), intenta apartarlo del camino de la cruz. Jesús le responde con una severidad impresionante: «¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!» Mt 16,23.

¿Estaba Pedro poseído? El Evangelio no lo dice y no debemos afirmarlo. Jesús no está realizando sobre Pedro un exorcismo ritual. Pero sí está desenmascarando una tentación y rechazando una mentalidad que, en aquel momento, se había convertido en obstáculo para el proyecto redentor del Padre.

Pedro amaba a Jesús; precisamente por eso, sus palabras podían parecer razonables: «No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti». Pedro quería evitarle el sufrimiento; sin embargo, detrás de aquella aparente buena intención estaba una propuesta incompatible con la misión de Cristo: Abandonar el camino de la cruz.

Y Jesús la corta de raíz.

«TU MODO DE PENSAR NO ES EL DE DIOS, SINO EL DE LOS HOMBRES»

Aquí encontramos una de las formas más sutiles en que puede actuar el Maligno: Introducir pensamientos que parecen buenos o razonables, pero que terminan apartándonos de la voluntad de Dios.

«No es necesario llegar hasta ahí».

«Dios no puede pedirte tanto».

«Evita la cruz».

«Tú sabes mejor que Dios lo que necesitas».

La tentación no siempre aparece con rostro monstruoso; a veces se presenta con argumentos aparentemente razonables, por eso necesitamos discernimiento espiritual.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la existencia de los ángeles es una verdad de fe; son criaturas espirituales, personales, dotadas de inteligencia y voluntad (CEC 328-330). Los ángeles fieles sirven al designio de la salvación (CEC 331-336).

Pero también existen ángeles que rechazaron libre e irrevocablemente a Dios; Satanás y los demás demonios. Su acción busca apartar al hombre de Dios y asociarlo a su rebelión, aunque la victoria de Cristo sobre el Maligno es segura (CEC 391-395).

Por eso, para la Iglesia, Satanás no es un símbolo ni un dios rival de Dios. Es una criatura cuyo poder es limitado. Cristo es el Señor. Por eso no debemos vivir aterrorizados por el demonio, sino permanecer confiados y refugiados en Jesucristo.

EL ENEMIGO DE NUESTRA ALMA

¿Por qué Satanás quiere nuestra perdición? Porque rechaza a Dios y busca arrastrar al ser humano a la misma rebelión. Aquel que no quiso servir a Dios pretende ahora que nosotros tampoco le sirvamos.

Pero el hombre es profundamente amado por Dios y está llamado a la comunión eterna con Él. Por eso, en la lucha espiritual está en juego nuestro destino eterno.

El Catecismo de la Iglesia Católica (CEC) enseña que el pecado es una ofensa contra Dios y una desobediencia a su amor; el pecado mortal, cometido con plena advertencia y deliberado consentimiento en materia grave, destruye la caridad y, sin arrepentimiento, conduce a la muerte eterna (CEC 1849-1861).

Satanás no puede obligarnos a pecar. Puede tentar y engañar, pero nuestra libertad permanece. Por eso necesitamos vigilancia, oración, gracia, confesión sacramental y una vida unida a Cristo.

EL DRAGÓN CONTRA LA MUJER

En el Apocalipsis, San Juan contempla una Mujer vestida de sol, con doce estrellas, frente a un gran dragón rojo. Miguel y sus ángeles lo derrotan. El Apocalipsis identifica al dragón con «la serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás» (Ap 12,1-9).

La Iglesia ve en esta Mujer una figura de Israel, de la Iglesia y de María. El dragón dirige su furia contra sus hijos: «El Dragón, enfurecido contra la Mujer, se fue a luchar contra el resto de su descendencia, contra los que obedecen los mandamientos de Dios y poseen el testimonio de Jesús» (Ap 12,17).

Ese «resto» somos quienes permanecen fieles a Cristo. La «tercera parte de las estrellas» es lenguaje simbólico; no es un cálculo sobre los demonios. Lo esencial es que existe oposición del Maligno contra Dios y quienes pertenecen a Cristo (CEC 2853).

UNA REALIDAD INVISIBLE QUE LA IGLESIA TOMA EN SERIO

No estamos hablando de superstición.

En septiembre de 2025, el Papa León XIV dirigió un mensaje a la XV Conferencia Internacional de la Asociación Internacional de Exorcistas, reunida en Sacrofano, cerca de Roma. El Pontífice calificó este ministerio como «delicado» y «más necesario que nunca», y exhortó a los exorcistas a vivirlo como un servicio de liberación y consolación, invocando la presencia eficaz de Cristo.

La Iglesia, por tanto, toma en serio las realidades invisibles. Pero lo hace con equilibrio, discernimiento y sobriedad. No todo problema es una acción extraordinaria del demonio. No toda enfermedad es posesión. El exorcismo pertenece al ámbito del discernimiento y del ministerio autorizado de la Iglesia.

La finalidad nunca es alimentar el miedo, la finalidad es proclamar que Cristo libera.

«APÁRTATE DE MÍ, SATANÁS»

Y volvemos a Pedro. Jesús acaba de anunciar que debe ir a Jerusalén, padecer, morir y resucitar. Pedro intenta disuadirlo. Por eso Jesús continúa: «El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga». No existe verdadero discipulado sin cruz; pero la cruz cristiana, no termina en la muerte, conduce a la vida, porque Cristo anuncia también su resurrección.

Aquí se encuentra la verdadera batalla espiritual, pues el maligno intenta apartarnos del camino de Dios; Cristo nos llama a seguirlo. El demonio quiere hacernos tropezar; Jesús nos invita a caminar detrás de Él.

Ante la tentación, no negociemos con la mentira, miremos a Cristo, tomemos nuestra cruz y sigámoslo. Porque quien pierde su vida por Él, la encontrará.

ORACIÓN

Padre eterno, fuente de toda vida, danos la gracia de permanecer en tu voluntad.

Jesucristo, vencedor del pecado y de Satanás, libéranos de todo aquello que nos aparte de ti.

Espíritu Santo, ilumina nuestra mente para que pensemos como Dios y no solamente como los hombres.

Santa María, Mujer vestida de sol, Madre del Redentor y de la Iglesia, Santa María de Guadalupe, Madre nuestra, permanece junto a nosotros en la batalla espiritual; cúbrenos con tu protección maternal, enséñanos a confiar plenamente en Dios y a responderle, como tú: «Hágase en mí según tu palabra». Condúcenos siempre hacia tu Hijo Jesucristo, acompáñanos en la lucha y ayúdanos a permanecer fieles hasta el final.

San Miguel Arcángel defiéndenos en los combates, sé nuestro amparo contra la maldad y las perversidades del demonio. Mándele el Señor que no pueda dañarnos, humildemente te lo pedimos; y tú príncipe de la milicia celestial, usando el poder que el cielo te ha conferido, lanza al infierno a satanás y demás espíritus malignos que recorren el mundo para la perdición de las almas.

Amén.