Un agujero provocado por el colapso de un canal pluvial embovedado pone en riesgo la seguridad de decenas de alumnos en el Jardín de Niños Arcoíris, ubicado en la colonia Mirasoles, en la capital de Sonora.
El problema escaló en gravedad desde hace un año, cuando cedió parte de la losa que cubre la infraestructura subterránea, recientemente, durante un recorrido de vigilancia, el conserje del plantel cayó al socavón y sufrió lesiones leves.
AULA CLAUSURADA Y GRIETAS ESTRUCTURALES
La directora de la institución, Ana Laura Bernal Salido, informó que la cercanía del socavón obligó a suspender las clases en una de las aulas, situada a solo cinco metros del hundimiento principal, por lo que el espacio fue clausurado de manera preventiva tras detectar grietas en el piso.
Bernal Salido advirtió que el daño no se limita a un solo punto, debido a que a lo largo del trayecto del canal embovedado dentro del plantel se observan múltiples hundimientos menores que amenazan con colapsar.
Aunque la falla estructural se agudizó recientemente, los antecedentes se remontan a una década atrás, periodo en el que se han registrado hundimientos constantes.
Pese a que el plantel cuenta con dictámenes e inspecciones de Protección Civil estatal y municipal, donde se ordena acordonar la zona e intervenir con urgencia, el riesgo persiste solo con cinta de precaución.
CONFLICTO DE COMPETENCIA FRENA LA SOLUCIÓN
El principal obstáculo para la obra radica en la omisión institucional:
- Secretaría de Educación y Cultura (SEC): Notificó a la dirección del plantel que no dispone de presupuesto para ejecutar obras de esta magnitud.
- Ayuntamiento de Hermosillo: Hasta el momento no ha asumido la intervención del canal, a pesar de que la infraestructura pluvial pertenece al dominio municipal.
Este incidente se suma a una serie de colapsos hidráulicos que afectan a Hermosillo, como la reciente la ruptura de una tubería de agua potable provocó otro socavón sobre la avenida Ignacio Salazar, dejando en evidencia el deterioro crítico de la red subterránea en la capital sonorense.
Mientras las dependencias se deslindan del problema, la comunidad escolar exige una solución inmediata antes de que la erosión alcance las aulas activas o cause un nuevo accidente.




