La cirrosis hepática es una enfermedad crónica en la que el tejido sano del hígado es reemplazado por tejido cicatricial que impide el funcionamiento normal del órgano, condición conocida como fibrosis que hace que este se endurezca frenando el flujo regular de sangre, y si no es tratada de amanera adecuada, el paciente puede llegar a la muerte, siendo esta la cuarta causa de defunción en humanos, advirtió el médico internista Samuel Wong González.
Hizo saber el entrevistado que entre las principales causas de cirrosis está el consumo excesivo de alcohol, las infecciones por virus de hepatitis B y C, y la inflamación por síndrome metabólico.
Expresó que entre los aspectos más importantes y por lo que se le debe poner atención, es que esta enfermedad inicia de forma silente, lenta pero progresiva y no tiene síntomas muy visibles, de manera que regularmente se le detecta cuando ya está muy avanzada.
Los síntomas que deben ser atendidos, son el cansancio extremo y debilidad sin motivo aparente, que se sienten a lo largo del día, comentó el médico.
Si esta progresa, ya se notan otros signos, como la acumulación de líquido en el abdomen (ascitis), la piel que se observa de color amarillo y el sangrado por afectación de los factores de coagulación, agregó.
Aunque la enfermedad no tiene cura, sí se le puede controlar, al dejar algunos factores que la desencadenan, como es el dejar de beber alcohol, entre otras causas derivadas de hábitos y tratamiento médico, para coadyuvar a reducir la acumulación de líquidos.
Finalmente, el llamao “estándar de oro” es el trasplante de hígado, que es un poco más difícil porque no es tan común la donación de este órgano más que la extracción de donante cadavérico, y por ello el 99 por ciento de los pacientes mueren esperando el trasplante, dijo.




